La Ciudad (es)casa cuando próxima

La Ciudad (es)casa cuando próxima

A lo largo del pasado año y medio, se ha cerrado y abierto nuestro círculo de interacción con el entorno con prudencia, respeto y miedo. Nos hemos re-conocido en este proceso, que ha implicado, en mayor o menor medida, re-pensar, re-sentir y re-tomar nuestra relación con el mundo.

Durante un tiempo, 1 kilómetro a la redonda fue la ciudad de cada uno y cada uno tuvo ciudades diferentes. Hubo quien en esos 15 minutos de paseo no pudo escapar de la monotonía del mar de casitas idénticas, sin encontrar nada que no fuera residencial. Un plano de ladrillos y asfalto con pequeñas perforaciones donde relacionarse con el exterior. Un pequeño mundo privado donde estar a salvo frente a las amenazas exteriores. Sin embargo un mundo donde no hallar lo externo, salvo repartidores y paquetes. Barrios convertidos en no lugares digitales, donde lo virtual, lejos de permitir el nomadismo, como en aquellas primeras intuiciones de Toyo Ito (1), nos ancla más a los propios metros cuadrados y a lo individual. Aquí la casa es casa y quizá nos protege frente a los temporales del mundo, pero nos aleja de la necesidad primera de las personas; el entorno social, la cives, las relaciones humanas.

Esa ciudad monocultivo, donde el refugio individual ha creado escenarios postapocalípticos de edificios y centros comerciales vacíos, como esqueletos de un modelo fallido, presenta un futuro hueco de relación y acción social. Es cierto que nunca fue ese su objetivo, nunca vendió progreso, sino una falsa imagen de prosperidad y unos réditos económicos disparatados. La ciudad del negocio como contrapunto de la ciudad social. La ciudad de lo propio y lo individual como opuesto al urbs, al marco físico donde posibilitar los vínculos. Este modelo de ciudad incívica es quizá el máximo exponente de un patrón no solo poco equitativo sino absolutamente insostenible, puesto que en sus parámetros generativos no existen palabras como entorno, ambiente, cultural o asociativo. Aquí la casa es casa y es ciudad, porque no existe nada más, quizá una barbacoa, una piscina, un riego automático.

La pandemia que comenzó desde el miedo con el ideario de un posible mundo mejor donde olvidar el consumo y el exceso, nos ha devuelto un nuevo cartel de promoción individual y casita independiente. Frente a esto, seguimos creyendo que el único modelo posible para poder tener un futuro, pasa, no por inventar ciudades inéditas que colonicen como un nuevo virus el territorio, sino por trabajar para otorgarle un futuro a ese bien tan preciado y nuestro que es la ciudad mediterránea. La ciudad compacta, diversa y densa; la ciudad próxima. Un lugar donde el reto es cómo establecer o controlar esas nuevas necesidades de distancia y respeto, pero donde el marco y el entorno siguen posibilitando el cuidado y la producción de ciudad por parte de la ciudadanía, para crear un futuro conjunto y común. Sí, porque vivir con éxito en un mundo de sistemas complejos significa expandir no solo horizontes de tiempo y horizontes de pensamiento; sobre todo significa ampliar los horizontes del cuidado. Hay razones morales para hacerlo, por supuesto. Y si los argumentos morales no son suficientes, entonces el pensamiento sistémico proporciona las razones prácticas para respaldar las morales. El sistema real está interconectado. No estamos separados del ecosistema global.(2)

Puede parecer que este modelo no es válido, que no es ya una referencia, y desde luego será preciso trabajar con nuevos materiales, tan antiguos como nuestras urbes, pero empleados muy poco todavía: tiempo, flexibilidad e incertidumbre, porque la ciudad se adaptará y volverá a ser el antecedente del ser social que somos. La ciudad, a diferencia de la casa siempre ha sido un proyecto abierto que se ha ido edificando a lo largo del tiempo, que lo ha modelado según avatares y necesidades y que se ha hecho y rehecho una y otra vez. La ciudad como el universo es desordenada. Es no lineal, dinámica. Se autoorganiza y evoluciona. Crea diversidad, nunca uniformidad. Es ahora tiempo de acomodarla de nuevo poniendo en valor sus mejores parámetros, para conseguir que esa desigualdad que otorga la vivienda, desaparezca en el espacio público, desaparezca caminando 15 minutos para encontrar aquellas cosas que eran nuestra cotidianidad y que nunca deberíamos haber sustituido por la promesa de la significación del éxito en páramos aislados.

En la casa, la especialización de las habitaciones ha probado la inutilidad de su función. El armario empotrado, inamovible, la terraza cerrada – trastero, el espacio monofuncional, el cofre que demuestra su incapacidad para ser nada cuando se ha devuelto la joya, tras el hastío de sus brillos. Esa vivienda donde todo está empaquetado, milimetrado, formateado para un modelo de vida, y que tras un cambio brusco sirve para poco. Los jardines, las terrazas, las plazas, los caminos, los cajones en definitiva, se han mostrado como el espacio polivalente necesario para convertir la casa en ciudad y la ciudad en verdadera polis. Soportes para lo flexible, el tiempo y la incertidumbre, para poner en valor los espacios no construidos, los vacíos que configuran lo público, una casa de muchos metros cuadrados, de parques y calles.

Porque el parón del confinamiento demostró además que el planeta necesita un respiro, que la huida hacia delante buscando la tecnología que permita paliar nuestros excesos debe ser sustituida por una reflexión y puesta en valor de lo verdaderamente sostenible, primero ambiental, luego social y cultural y por último económico.

Nos parece una reflexión lógica, necesaria y urgente. Cómo a través de la situación, dramática, vivida, nuestro reencuentro con lo cercano nos ha permitido valorar esa ciudad de un kilómetro de radio. Y cómo salir de casa y encontrarse con la ciudad próxima, era y es un regalo.

 

Referencias y notas

(1) Pao For The Tokyo Nomad Girl fue un conjunto de instalaciones realizadas entre 1985 y 1989 por Toyo Ito, que cuestionan el modo de habitar imperante en el contexto de una sociedad tardo-capitalista y postindustrial, así como su relación con el entorno y la realidad. Desapegada de toda relación material (no tiene procedencia ni posesiones), la chica nómada no necesita ya un contenedor en el que desplegar su intimidad y almacenar bienes superfluos, sino un medio flexible en el que las funciones y escala se reducen, el perímetro se difumina y los usos se superponen. Arquitectura de límites difusos. Ito, Toyo. Ed Gustavo Gili.

(2) Bailando con Sistemas. Meadows, Donella. Whole Earth, 2001.

 

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